Su paso por la categoría júnior hizo eco en el bicicross nacional, pues formó parte de esa generación que puso a vibrar las gradas cada que anunciaban que era el turno de los championship.

Junto al de él, se catapultaron los nombres de Juan Camilo Ramírez ‘Goofy’, Mateo Carmona ‘El Core’, Santiago Suárez ‘Huracán’, por mencionar algunos, quienes mostraron el gran nivel en el que se encuentra el bicicross nacional y el espectáculo del que se gozó válida a válida durante el 2019, año en el que se colgó, entre otros, el título de campeón del Gran Nacional.

Sus piernas gozan de un gran talento, el cual está respaldado por constancia y una espiritualidad inquebrantable, temas de los que tocamos con él, a través de BMX Antioquia Live.

Acabas de salir de una lesión de clavícula ¿cómo se afronta una recuperación, la cual no solo afecta la parte física, sino que les cambia todo el estilo de vida durante la recuperación?

Es un proceso de paciencia; de entender; de hacer una retroalimentación, de preguntarse ‘¿qué hice? ¿Qué no hice? ¿Por qué pasó? Es momento de conectarse con esa parte espiritual, que es la que lo mantiene a uno con esa fe y ganas de volver (…) es un espacio donde uno vuelve a conectarse con uno mismo. Yo veo las lesiones como un obstáculo más de la pista, obstáculo que debo afrontar.

Yendo al inicio de tu carrera, que fue con el club Envigado ¿qué fue lo que te enamoró de esta disciplina?

Tuvieron mucho que ver sus entrenadores, Gabriel Castrillón y Mauricio Bedoya. Es importante que un profesor te motive, así sea que vayas una hora al semillero. Que te diga ‘vamos a jugar’, ‘vamos a saltar’. Esa motivación siempre existió y hubo una gran afinidad con el club.

Desde esos primeros pedalazos, estás muy cerca a Juan Esteban Naranjo ¿cómo ha sido llevar la competencia en la pista y la amistad fuera de ella?

Ha sido por etapas, cuando éramos niños fue muy complejo. Hubo carreras en las que él me ganaba, yo le ganaba, él me tumbaba o viceversa o nos caíamos los dos y después no nos hablábamos por una semana o dos (risas).

Hoy seguimos compitiendo, sigue existiendo esa rivalidad, pero hay una amistad. Tenemos claro que una cosa es dentro de la pista y otra fuera de ella… cuando estamos allá cada uno va por lo suyo, pero siempre prevalece la amistad.

Te caracterizas por ser una persona disciplinada, puntual, rigurosa ¿eso a qué se debe?

Al ejemplo que me ha dado mi papá. Me ha enseñado que ser puntual, respetuoso, estricto, son cosas que hacen la diferencia.

Cuéntanos un poquito de lo que fue ese bronce obtenido en el Mundial de RockHill

Fue algo muy bonito, porque a veces la gente no ve todo lo que hay detrás para conseguir algo así. A veces dicen ‘eso fue algo que se le apareció’ o ‘él venía andando muy bien’; pero no saben realmente todo lo que se sacrificó para llegar a ese lugar.

Recibir esa bandera, estar en el pódium… esa sensación es única. Un Mundial, es un Mundial.

Constantemente mencionas ‘Tu equipo de triunfo’ ¿de qué se trata?

El equipo de triunfo, es la base de uno como deportista. Son esas personas que están ahí pase lo que pase. Tu familia, tu entrenador, la psicóloga. Todas esas personas que te ayudan y hacen ver el camino cada vez más claro.

Todas aquellas personas que depositan la confianza en uno, hacen parte del equipo de triunfo, directa o indirectamente. Ahora, sí debo mencionar a mi entrenador Jorge Wilson, a Vincent Pelluard, Lali Bustamente; mi psicóloga, mis papás, mi novia, mis amigos de la universidad, Gabriel Castrillón, Martín, pilares de ese equipo.

¿Cómo te gustaría ser recordado?

Quiero dejar legado como persona, que en un futuro no me recuerden como el campeón nacional, el que quedó tercero o segundo; sino como ese man que iba a la pista y montaba bien, fluía, disfrutaba lo que hacía y que los títulos le llegaron como producto de eso, de disfrutar lo que hacía.