Gabo’, pasó de las empinadas lomas del barrio Miranda, a la vieja pista de Belén; de representar con ahínco ‘La mancha naranja’ a vestir con orgullo el buzo de Antioquia; de ser uno de los mejores a nivel nacional en la categoría 35 años y más, a llenarse de gloria en Zolder.

Su brazo derecho es colorido y en medio de los trazados que allí se dibujan, se ubican de manera más visible un W2 junto a la bandera Brasil, un W6 cerca a la de Colombia y un W4 junto a la de Estados Unidos, haciendo alusión a los títulos que logró en el 92, 96 y 2017, respectivamente, en dicho países, sin embargo, todavía tiene espacio para un par de W más.

Con ustedes, una conversación con Gabriel Castrillón, el campeón del mundo.

¿Con cuál objetivo llegaste a Bélgica?

Yo quería llegar a las dos finales y siempre lo tuve muy claro. Uno siempre va a querer ganar donde vaya a competir, pero sabiendo como es el deporte y en un Mundial, lo primero que uno se traza, es llegar a la final.

¿Qué experimentaste cuando empezó la competencia, cuando ya rodabas en las primeras mangas?

Mucha ansiedad, pero me sirvió mucho que no estaba hospedado donde estaba todo el mundo,. Estábamos en un bosque tranquilo, con animalitos y esas cosas, sin embargo, cuando llegué a la pista, ya uno empieza a imaginarse cómo va a ser, las tribunas llenas, la gente gritando. Uno se altera un poco, pero es ahí donde saca ese poder interno y entiende que para eso fue se entrenó.

Primero compitió en cruceros, pasaste las mangas, logras clasificar. Luego octavos, cuartos… cumples el objetivo de llegar a la final ¿ahí qué pasaba por tu cabeza?

Cuando pasa la semi, uno se tranquiliza un poco y descansa, pero ese descanso se acaba cuando llega a los pits para la final. Estando ahí, uno ya se dice “estoy en la final, yo me la quiero ganar».

Yo sentía que las piernas me pesaban. A veces uno quiere devolverse, pero ahí se da una lucha mental, donde se acuerda de las razones por las que está ahí, de cómo llegó, por cuales, medios y eso es algo chévere. Ese nerviosismo, esa ansiedad, también le da a uno un poder extra. Se siente uno como con un escudo y una espada y quiere salir a batallar.

En cruceros lograste el W2 ¿en algún momento sintió que pudo ser W1?

Sí, yo corrí la semi con el man que ganó, pero en la final sentí que físicamente no estaba tan pleno, por el tema de adaptación y demás. Yo quedé satisfecho y eso me dio mucha confianza para lo que seguía.

Hablemos un poco del día en que se coronó campeón mundial…

Ese día me levanté con ganas de vivirlo todo, la presión, la ansiedad y todo lo que le pasa a uno se le pasa por la cabeza en un momento así y más porque uno sabe que no es el único que está viviendo eso.

Cuando cruzas la línea en la final, convirtiéndote en W1 ¿quién fue la primera persona con la que te topaste?

Con Janete y Eliana. Fue muy bacano porque ellas estuvieron súper pendientes de todos en la carpa… cuando llegué, me pasaron la bandera, eso fue tremendo.

¿Bonito sentir que estás poniendo en lo más alto el nombre de tu país?

Eso solamente se siente, no hay forma de describirlo.

Uno se quiere desbordar de alegría. Yo llegué a la meta gritando, se me acercó una bandera y yo señalo el escudo… Es algo muy bonito, con lo que uno sueña toda la vida.

De los cientos de mensajes que le llegaron ¿cuál fue el que más te llamó la atención?

¡Uf! Fueron muchos, pero lo que me gustó es mucho coincidieron en reconocer el trabajo por el que había pasado para lograrlo, que no fue que solo gané y ya y de paso, se revalida lo que a veces yo les digo a los niños, que todos pueden ganar, que no se necesitan superpoderes, pero sí ser muy juiciosos y entrenar mucho. Que uno corre con gente de este planeta y que las cosas se pueden lograr, pero con trabajo.

Para terminar ¿ya sabe dónde se va a tatuar estos títulos?

Ahí está el espacio, debo ahorrar (risas).