La historia está creada por dos tipos de sujetos: los que protagonizan las hazañas y los que las aplauden desde las gradas, no obstante, para que dichas proezas no fuesen borradas con el pasar de los años, se hizo necesario crear una tercera figura: la del periodista. Este, apasionado por contar los detalles de los hechos, comprendió que su papel en el mundo siempre será estar tras la palestra, mientras al frente los dueños de las gestas serán quienes se lleven las ovaciones.

Y fue allí, tras bambalinas, donde Jairo García siempre se ubicó. Fueron dos temporadas en las que registró cada salto, caída del partidor y cruce de línea de los bicicrosistas antioqueños; una antes de irse a Europa y la otra al regresar al país. Fue un trabajador incansable y era impecable con el registro de prensa, boletines, crónicas y demás contenidos.

Al recordarlo en la pista, es casi imposible imaginárselo sin la riñonera con los logos de la gobernación e Indeportes guindando de su cintura, el reloj Q&Q en su mano derecha, la filmadora Canon en la izquierda y la cámara Sony colgando de su cuello.

Jairo, don Jairo, nunca apareció en las portadas de periódicos, o a quien los documentales le narraron cronológicamente la vida y mucho menos fue el encargado de dar las declaraciones cuando los micrófonos se encendían, pero siempre sonrió como si todos los lentes estuviesen apuntando hacia él.

Hoy, casi dos años después de que decidiera emprender su camino alejado de los peraltes, queremos que Jairo sea la noticia y de paso decirle gracias por cada foto, video, letra y sudor entregado a este deporte, nuestro deporte.