Hablar de Juegos Nacionales, es hablar con morbo y vaya que nos gusta el morbo. La cita nos reúne cada cuatro años y nos hace evocar a don Mario Soto y a Los Panas. A la vez en la que El pollo ondeó la bandera de Bogotá por toda la pista y a los peraltes y morros que codo a codo dejaron sin medalla a Oquendo y a Ramírez.

Es que a todos gusta ganar, pero cuando se le gana al vecino o mejor, cuando se le gana a un hermano en los Juegos; la medalla, el trofeo, el triunfo tiene un valor especial. La ostentas por cuatro años de pista en pista y tu nombre queda registrado por siempre en la historia de tu delegación.

Juegos Nacionales es de esos pocos eventos que hacen que los periodistas tiren a la banda el balón de fútbol y se pongan la camisa para hablar de otros deportes y hace un año, sí que hablaron del nuestro y de lo que hicimos en Bogotá.

Hace un año, radios y periódicos comentaron el poderío de Antioquia, de sus deportistas consolidados, de los que en su primera participación en la máxima cita nacional se quedaron en mangas y en esta ocasión gritaron “¡Lo logré!” al cruzar la línea de meta y se subieron al podio y de paso, también vieron la destreza, garra y empuje de esos juveniles que nos ilusionan. Hace un año, las tribunas de la pista El Salitre vieron una vez más, que en nuestras montañas es #DondeNacenlosCampeones.