De vez en cuando pateaba un balón, pero sus dos piernas izquierdas, falta de ubicación en la cancha y pases como si fuese un infiltrado del equipo contrario, lo alejaron del fútbol y lo acercaron a la bicicleta, de la cual aprendió rápidamente a mantener el equilibrio, a dar pedalazos cada vez más fuertes y a sostener recorridos largos, sin siquiera tener la ayuda de algún instructor.

Sus casi 60 kilos de peso y una estatura que apuradamente llega a los 1.70 cm, lo convierten en uno de los más livianos de su categoría, incluso se podría decir, que es el más pequeño de los júnior a nivel nacional, algo que permite identificarlo fácilmente cuando va de morro en morro por las pistas, al igual que el particular estilo que posee y deleita al espectador. 

Foto: Duver Alexander Pérez

Con tales características, es razonable que su apodo sea ‘El mosco’, sobrenombre que llegó luego de que saliera del partidor con la decisión inamovible de pasar la pro de la pista de Bello.  Al lograrlo, sus compañeros no solo lo aplaudieron; también le dijeron que parecía un mosco cuando saltaba, no solo por su figura sino además por las gafas que llevaba puestas. A partir de ese momento el nombre de Juan Diego pasó a un segundo plano y el alias fue el que empezó a retumbar en el mundo del bicicross.

Como buen admirador de Nacho Salazar, sabe que no basta con talento y por eso hace ruta, gimnasio y pule su técnica y potencia de la mano del ‘Ché’ y Jorge Wilson, mientras espera dar el salto de calidad. Ya su momento llegará.