Al recibir por primera vez el llamado a Selección Antioquia, Manuela Martínez no esbozó una sonrisa, solo siguió entrenando.

Cuando viajó a Bogotá, pista que acogería meses después los Juegos Nacionales, miró de reojo la supercross y ya muchos cuestionaban si sería capaz de saltarla; ella no dijo nada, corrió con los challenger, ganó y siguió entrenando.

En el zonal departamental Supérate no tuvo rivales, cruzaba la línea de meta sin mucha presión y ahí, justo después de la llegada, donde muchos estallan de alegría, ella ni frenó. Esperó la premiación, recogió sus cosas, se fue a recuperar y al otro día ya estaba en la pista entrenando.

En medio de una competencia, recibió la noticia de que su madre había fallecido. No se derrumbó, se puso su casco, enchocló, salió del partidor y arrasó. 24 horas después, cuando muchos no cesarían de llorar, ella madrugó, volvió al segundo día de carrera, repitió título y regresó a entrenar.

Pasadas unas semanas, recibió el llamado oficial del entrenador de la Selección Antioquia y ella respondió esforzándose el doble, intensificando cada jornada de preparación y escuchando a los experimentados con los que viajaría a la capital.

Al arribar a Bogotá, miró la pro de la nueva pista de El Salitre. Por su cabeza pasó todo el sacrificio, recordó cada día en el que lo dio todo para lograr vestir el buzo de los mejores del departamento y desde el partidor de 8 metros, la condenada se lanzó y ante la mirada de entrenadores, otros bicicrosistas y equipo logístico, logró saltar y lo hizo sin contratiempos, a tal punto que le cogió el gusto y volvió a hacerlo una y otra y otra vez.

Superado el miedo y el reto de ese primer salto, un par de personas en Rolotá y un centenar en Medallo, creían fervientemente en que su nombre daría la sorpresa en estos Juegos Nacionales y así fue. En el primer día fue la segunda más rápida con un tiempo de 37.888 segundos, escoltando a una tal Mariana Pajón que hizo 36.569 en la prueba por tiempos. En el segundo, revalidó lo hecho siendo la tercera más rápida.

Ahí, con dos medallas en el cuello y en el pódium del evento deportivo más importante de nuestro país, junto a las mejores bicicrosistas de Colombia, Manuela no aguantó más y lloró. Las lágrimas rodaron de nostalgia, pero también de una alegría infinita, porque así, pedaleando y ganando, es su forma de rendirle tributo y decirle gracias a todos los que creen en ella y a su mamá que ya no está.

¿Y qué hay de Mnauela Martínez en este momento? Seguro está pensando en que mañana debe ir a entrenar.